domingo, 5 de agosto de 2007
sábado, 4 de agosto de 2007
No puedo
La cosa es que no me puedo rendir. Mi historia no me lo permite. No me lo permite mi pasado:
Un hombre me mira con los ojos cansados y me dice que todos los sueños que no consiguió los dejó de lado por mí. Llora por que no lo puedo comprender, pero no deja que yo vea sus lágrimas, nunca dejó que alguien viera sus lágrimas. De su mano soy un hombre esta mañana, cuando volví a abrir los ojos... No entiendo por que la satisfacción en sus ojos. Seguramente se siente orgulloso de mí, aunque yo preferiría darle más motivos de orgullo, por que lo amo.
Y no es sólo eso. Una mujer me mira con amor desde la eternidad de su alma suave, de su alma adolorida, luego me dice: Mire, ahí está su futuro, por favor no se quede quieto, que por esto he dado la vida. Y yo la amo.
Y yo simplemente no me puedo rendir. Ya quisiera rendirme y tirar la toalla... Pero nunca más, ni de vez en cuando. Por que hoy es tiempo de responder, de devolver. Yo podría echarme a la pena, pero no puedo.
Mi historia está marcada por la de una mujer que vendía ropa en las calles para darle a 19 hijos qué comer y no importaba si debía madrugar, viajar, jalar un carro, por que el amor es así de fuerte; aunque no fueran todos suyos... de su sangre digo. Mi historia está marcada por la de una mujer que al salir de las quimioterapias se acomodaba la peluca y se iba para el restaurante, a atender las mesas, y que si sentía ganas de vomitar lo hacía en el baño, luego se tomaba un vaso de agua, y se animaba: Arriba María Elsa...
Y no me puedo rendir aunque me pese el alma, aunque el corazón se me parta, no me puedo rendir. Ya quisiera, ya quisiera... pero no puedo. Así pelee con las más miserables de las fuerzas, no me puedo rendir. La sangre me lo reclama. Mis sangres me lo reclaman. Quién me conoce sabe que no puedo.
Un hombre me mira con los ojos cansados y me dice que todos los sueños que no consiguió los dejó de lado por mí. Llora por que no lo puedo comprender, pero no deja que yo vea sus lágrimas, nunca dejó que alguien viera sus lágrimas. De su mano soy un hombre esta mañana, cuando volví a abrir los ojos... No entiendo por que la satisfacción en sus ojos. Seguramente se siente orgulloso de mí, aunque yo preferiría darle más motivos de orgullo, por que lo amo.
Y no es sólo eso. Una mujer me mira con amor desde la eternidad de su alma suave, de su alma adolorida, luego me dice: Mire, ahí está su futuro, por favor no se quede quieto, que por esto he dado la vida. Y yo la amo.
Y yo simplemente no me puedo rendir. Ya quisiera rendirme y tirar la toalla... Pero nunca más, ni de vez en cuando. Por que hoy es tiempo de responder, de devolver. Yo podría echarme a la pena, pero no puedo.
Mi historia está marcada por la de una mujer que vendía ropa en las calles para darle a 19 hijos qué comer y no importaba si debía madrugar, viajar, jalar un carro, por que el amor es así de fuerte; aunque no fueran todos suyos... de su sangre digo. Mi historia está marcada por la de una mujer que al salir de las quimioterapias se acomodaba la peluca y se iba para el restaurante, a atender las mesas, y que si sentía ganas de vomitar lo hacía en el baño, luego se tomaba un vaso de agua, y se animaba: Arriba María Elsa...
Y no me puedo rendir aunque me pese el alma, aunque el corazón se me parta, no me puedo rendir. Ya quisiera, ya quisiera... pero no puedo. Así pelee con las más miserables de las fuerzas, no me puedo rendir. La sangre me lo reclama. Mis sangres me lo reclaman. Quién me conoce sabe que no puedo.
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