jueves, 15 de noviembre de 2007

Se nos olvidó

Se nos olvidó. No sabemos lo que significa. Nunca lo supimos, nunca en esta tierra lo sabremos. Pero si hay algo evidente sobre el papel, es que la olvidamos. La palabra asoma por mi cabeza y un aire de nostalgia me abate desde lo profundo. Una lágrima testifica desde mi rostro que no soy el sujeto indicado para recordar el tema con la aprobación de ustedes, testigos míos, pero lo hago porque el tema es tan fuerte en mi mente.
Acaso termine de escribir y la olvide. Acaso termines de leer y la deseches. Acaso de nuevo, vergonzosamente; la intentemos disfrazar con nuestras ideas, apaciguar con nuestras culturas, diluír en nuestros pensamientos. Pero no dejará de ser lo mismo. Si lo hacemos; si la disfrazamos, si la apaciguamos, si la diluímos, entonces nunca la habremos tenido: Ni siquiera la habremos buscado.
Y sólo un ser podrá repetirla con autoridad. Por que siempre la volveremos a escuchar, y sólo de su boca. Y, o una lágrima correrá, o lanzaremos un brusco golpe sobre el oído mientras dormimos y algún día anhelaremos haber escuchado lo que parecía un aleteo. Seguramente suceda. Por que siempre queda espacio en Su Corazón para volver a invitarnos con esa palabra que es tan Suya... Silencio, escucha, parece que ahora mismo la susurra: Santidad.

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